La palabra imbécil proviene del latín imbecillis, que significaba “débil”, “enfermizo” o “pusilánime” y se formaba con el prefijo privativo “in” y la raíz baculum (bastón) es decir, “sin bastón”, “sin apoyo”, “el que no se sostiene por sí mismo”.
Vivimos en una era en la que internet nos brinda, nos ofrece y nos satura de información. Lamentablemente esa información infinita se ha convertido muchas veces en deformación, un caudal que inunda, desborda y derrama presuntos saberes, habilitando a un sinnúmero de imbéciles —en el sentido más profundo del término— a opinar de manera desmedida, con una seguridad y una arrogancia que asustan, a decir del genial UMBERTO ECO.
Precisamente por eso, para evitar convertirme en un “imbécil funcional” más, es que este libro está muy lejos de exponer certezas, recetas o fórmulas mágicas; no pretende demostrar verdades absolutas, ni mucho menos, el Neuropotrero solo procura abrir preguntas, provocar dudas, estimular el pensamiento crítico y recuperar debates serios sobre esa maravillosa escuela sin maestros que fue, es y será el potrero.
“Si el fútbol no sirve para educar y ser feliz entonces no sirve para nada“. César Luis Menotti.
EL NEUROPOTRERO
DE AQUEL VIEJO POTRERO DEL BARRIO A ESTE NUEVO POTRERO DEL CLUB






























